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George Méliès
Los pinceles maestros del amor materno

¿Sabías que en la historia del arte se encuentran más retratos de madres que de padres?
En este artículo veremos cómo las madres, inmortalizadas a través del pincel amoroso de sus hijos, representan ese vínculo inquebrantable en su máximo esplendor.
Acompáñanos a ver una selección retratos de las madres de algunas de las mentes más brillantes en el arte.
Pero primero, un pequeño contexto. Mamá es el primer concepto que todo ser comprende, al igual, es la primera palabra en todos los idiomas y dialectos que una persona articula.
Picasso, Lautrec y Van Gogh, nombres que han firmado las obras pictóricas más reconocidas de su época, también comparten una característica muy peculiar; los tres realizaron bellos y conmovedores retratos de sus madres.

El enigmático español retrató a su madre a la corta edad de 15 años, antes de emprender el peculiar camino hacia sus múltiples etapas: azul, rosa y cubista.
Su nombre era María Picasso López y la historia la recuerda como una persona extrovertida, llena de vida pues prácticamente no conoció lo que era enfermarse; enamorada de la literatura y un apoyo incondicional para Pablo.
Si bien su apellido paterno era Blasco, Picasso adoptó el de su madre como la firma que en un futuro lo eternizaría.
En la pintura se observa a María representada de perfil, bajo un semblante tranquilo y cabeza inclinada como si dormitara, aspecto que evoca cierta tranquilidad y probablemente alude al amor y la protección que ella le hacía sentir.
El pincel de Pablo es completamente natural y realista, pocos creerían que la obra es de su autoría; si bien él es sinónimo de lo que conocemos como cubismo, la forma y momento en que percibió y plasmó a su madre en el lienzo, fue de suaves matices, pincelada delgada e intención figurativa y realista, todas características distintivas de su primera etapa. El cariño hacia ella se manifiesta mediante la delicadeza y la amabilidad que despierta la composición en el espectador.

De estilo neo-impresionista, este retrato adquiere valor especial en esta lista por lo que fue la madre de Toulouse para la vida del artista.
Su relación con la condesa Adèle Zoe Marie Tapie de Céleyran le dio el impulso y la fortaleza que imploraba una persona discapacitada en una pretenciosa sociedad francesa de apariencias, durante el siglo XIX.
Los padres del pintor, creador del cartel, se casaron siendo primos hermanos. El matrimonio consanguíneo ocasionó que Toulouse naciera con una enfermedad llamada picnodisostosis, resultado de un desorden genético con afectación en los huesos que presenta como principales características, piernas cortas, manos y pies pequeños, baja estatura y tendencia a sufrir fracturas.
La condesa, consciente de la condición de su hijo siempre estuvo pendiente de él, criándolo sola y procurando que no careciera de nada. Cuando el artista decidió mudarse a París para vivir la vida bohemia, su madre lo siguió sujetándose a una vida modesta.
Lautrec la retrata en perfecto equilibrio compositivo, con pincelada rápida, muy de su época, y en colores claros. La muestra con su postura de carácter inteligente y frío por un lado y cariñoso por el otro, ella se observa joven, serena y con un semblante de bondad.
Su madre fue la más retratada de sus modelos, así, la pintaba como un ser humano superior y delicado, que parece posible sólo contemplar desde lejos.

La vida de Van Gogh es conocida por haber sido de constantes infortunios. Creció bajo el rigor de su religioso padre protestante, su madre y sus cinco hermanos.
Son contadas las personas que saben algo sobre la mamá de este prodigio de la pintura, y menos los que están al tanto de que entre sus más de 800 lienzos, Vincent realizó un retrato de ella.
Sobre él, el pintor escribió a Theo, su hermano menor: "... estoy haciendo un retrato de Madre para mí. No soporto la fotografía sin color, y estoy intentando hacer uno con un color armonioso, como la veo en el recuerdo."
A diferencia de los retratos anteriores que hemos “desmenuzado”, Van Gogh plasmó a su madre con ayuda de una fotografía, el vago recuerdo físico y sobretodo emocional que conservaba de ella, el cual se dejó ver en el colorido resultado.
Con un clarísimo parecido a su hijo, Anna Cornelia Van Gogh fue una mujer perteneciente a una familia de encuadernadores que falleció a la edad de 87 años. Como Vincent dejó su hogar a temprana edad, no convivió mucho con ella, pero fue suficiente para hacerle un retrato.
La pintura puede no tener los colores de su piel o prendas, pero las múltiples tonalidades de ese cuadro único están relacionadas más con la emoción que en ellos se desprende, que en la realidad material de ellos.
Después de apreciar estas tres obras de grandes maestros, es irremediable pensar que la figura materna de cualquier figura pública es una persona vital, que se encuentra ahí, estoica y amorosa, pero que muy pocos conocen.
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