Vampiro, el no muerto

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La danza macabra

¿Qué caracteriza a un vampiro?,
¿cómo surgió?, ¿cuáles es su historia?

La imagen del vampiro es, en nuestra cultura, una bestia de ficción, temible y seductora. En realidad, muy pocos saben que, además de la más conocida historia de Vlad el Empalador (Drácula) y la degeneración que el cine ha hecho de este personaje, el trasfondo real detrás de este concepto.

La palabra "vampiro" surge a finales del siglo XVII en Europa del Este, específicamente en los Balcanes, gracias a que en esta región el abad benedictino Dom Agustín Calmet escribió el primer tratado sobre un caso relacionado con este tema; una nueva modalidad de sospechosas apariciones divulgadas sesenta años atrás. En el documento se desglosó las características físicas y comportamientos de los hechos, lo que permitió reunir suficientes datos.

Ahora bien, este vocablo es una derivación del fonema serbio, pronunciado en alemán, como vampyr, el cual iguala a la palabra alemana blutaussaugers (sanguijuela/chupasangre).

Bajo esta acepción sugerida por el abad, estudiosos, siglos más tarde, se explicaron la “plaga” de vampirismo que vivió la región de los Balcanes entre los siglos XVI y XIX, cuyas causas estuvieron más relacionadas con cuestiones psicológicas, religiosas, culturales y médicas, que satánicas.

En 1731, en la aldea de Meduegna, Belgrado, los habitantes estaban convencidos de que un vampiro era el causante de numerosas defunciones. El gobierno tuvo que intervenir.

Los médicos buscaron acabar con “el mal” sin tener intención de comprobar su naturaleza u origen, muy similar a lo que algunas películas muestran: quema de cuerpos, decapitaciones, profanación de tumbas, por poner algunos ejemplos.

Así, podríamos decir que el vampirismo fue fruto de la mezcla de plagas, ignorancia y superstición, propiciado también por cuestiones de la geografía, es decir ausencia de luz solar, pueblos ocultos, temperaturas bajas y caminos solitarios que fueron el escenario perfecto para crear un mito.

Asociado a la vida eterna o la inmortalidad, el vampirismo se asoció de forma rebuscada con la idea de la tierra, la fertilidad, lo que da vida y, por tanto, a la mujer.

Con esta circunstancia, los vampiros fueron ligados con lo materno, explicando así su relación con el mal, lo oscuro y satánico (recordemos la connotación católica que se le dio a la mujer como bruja desde la misma Eva o Lilith).

De acuerdo a lo anterior, el vampiro, personaje en cierta forma femenino (aunque se trate de un hombre) fue representado por algunos autores de ficción con cierta homosexualidad latente (o a veces explícita), dotándolo también de una sensibilidad especial, sensualidad y rasgos físicos femeninos.

Los vampiros hoy

Si bien recuerdas, la obra Frankesntein de Mary Shelley se escribió en 1816 durante las reuniones que el aristócrata y escritor Lord Byron realizaba, donde los invitados eran convocados a contar una historia de miedo.

El anfitrión relató una titulada El entierro (que más tarde se convertiría en El vampiro), donde un aristócrata de “sangre azul” acompaña a un joven durante un viaje a Turquía y fallece en un cementerio bajo la promesa de regresar de entre los muertos.

Se sustituyó entonces el vampiro de las epidemias, relacionado con la figura de un agricultor de aliento fétido y sucio, por el vampiro aristócrata que, además de literario, tenía voz seductora.

La revolución se dio con Drácula (1897) de Bram Stoker, quien, basado en la leyenda del histórico guerrero medieval Vlad el Empalador, sentó las bases del vampiro moderno: estacas, ajos, debilidad a los símbolos religiosos. En una sola obra, el autor irlandés creó todo un universo, un subgénero de ficción con significación propia, donde combinó el vampiro del folclore con el byroniano.

Pero esto no era el fin del camino. El nuevo vampiro fue mundialmente conocido gracias al invento que cambiaría el siglo XX para siempre: el cine.

Nosferatu, una sinfonía del horror (1922), de F. W. Murnau, reinterpretó el personaje de Stoker y derivó, al pasar de los años, en una serie de villanos psicópatas y románticos atormentados.

Actualmente, sea con Buffy, cazavampiros, las Crónicas Vampírica o la saga de Crepúsculo, el vampiro pasó de ser antagonista a convertirse en víctima de un mundo que no tiene en cuenta a las minorías:

“El espectador ha acabado identificándose con estas criaturas, ya que el nuevo Drácula busca su lugar en el mundo al mismo tiempo que duda de su identidad.

Quiere verse en un espejo que no les refleja y, por eso, al comprender sus frustraciones, con el tiempo hemos comprobado que quizá tenga más de humano que de monstruo.“

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