Cómo superar los complejos

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Para empezar es importante definir que un complejo es una percepción distorsionada de alguna característica personal que surge cuando la comparamos con alguien más.

Ejemplo: me gusta cantar, pero al oír a mi mejor amigo o amiga creo que no soy bueno, pues él o ella lo hacen mejor, por lo que yo decido dejar de hacerlo. ¿Te identificas con esto y quieres dejar de tener uno o varios complejos?

Los complejos son pensamientos irracionales que llevan a la inseguridad, la falta de confianza en las propias capacidades y la pérdida de autoestima, lo cual afecta y condiciona la relación con los demás, la actividad profesional y, en definitiva, la vida.

Ahora bien, estos pueden dividirse en físicos y mentales, pero en resumen, ambos surgen al creer o percibir que no somos la suficientemente aceptados, valorados o apoyados por nuestros seres cercanos. También es importante aclarar que la mayoría aparecen en la etapa infantil y se acentúan con la llegada de la pubertad y los cambios físicos, hormonales e ideológicos que ocurren durante esos años.

Los complejos físicos suelen estar relacionados con partes del cuerpo y rasgos personales que la persona no acepta, le incomodan o teme mostrar a los demás. Algunos ejemplos son el complejo de alto, de “chaparrito”, de ser “narizón”, etcétera. De estos, los que tienen que ver con el peso pueden derivar en trastornos de la conducta alimentaria, potenciados por la estética preponderante que se maneja tanto en redes sociales como en los medios de comunicación.

Por contrapartida, los complejos psicológicos suelen tener su origen en experiencias traumáticas vividas por la persona y se manifiestan en forma de pensamientos dañinos sobre uno mismo, afectando gravemente a la autoestima, el comportamiento y el desenvolvimiento social. Un ejemplo frecuente es el complejo de inferioridad.

En cualquier caso, son muchas las personas que no han sabido superar los complejos de la infancia al no haber sido capaces de analizar el origen de su ansiedad y angustia ante un hecho concreto, y aunque, como ya dijimos, la mayoría suelen ser de naturaleza física, hay otros que tienen un condicionante psicológico fundamental, como es el caso del ya mencionado complejo de inferioridad o su opuesto, el de superioridad. También hay otros que tienen nombre propio y que definen actitudes concretas. Prioritariamente, son estos los que deben atenderse antes que los físicos. Algunos de ellos son:

  • Edipo, en el que un hombre compara a todas las mujeres con su madre.
  • Electra, por el que la mujer no encuentra el hombre “idóneo” al comparar a todos con su padre.
  • Peter Pan: cuando la persona se niega a madurar y evita enfrentarse a las responsabilidades.
  • Blancanieves: aquel en el que se desea ser el centro de atención y contar con la aprobación de los demás a todo lo que hace.

Un complejo pasa a ser un problema serio cuando perjudica tu relación contigo, con los demás y con el entorno. En muchas ocasiones el afectado necesitará de la ayuda profesional para trabajarlo, pero antes es bueno ser consciente, que tanto los físicos como los mentales derivan en su mayoría, de la propia inseguridad, por lo que aprender a querer y a valorarse es el primer paso para empezar a superarlos.

Cualquier complejo puede tratarse sin ayuda de terapia alguna, pero nunca está demás —como siempre insistimos— consultar con algún profesional en caso de requerirlo, pues la información facilitada por este medio no puede, en modo alguno, sustituir a un servicio de atención médica directa, así como tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico o elegir un tratamiento en casos particulares.

Teniendo presente lo anterior, las recomendaciones que te hacemos para comenzar a trabajar los complejos son:

  • Solo importa tu aprobación. Hay que actuar en función de las propias convicciones y criterios
  • Aprender a quererse y aceptarse con defectos y virtudes
  • Reconocer las propias limitaciones con naturalidad y sin sentirnos menos por eso
  • Buscar lo positivo que hay en nosotros y reforzarlo
  • Reforzar autoestima con pensamientos y actitudes positivas
  • Evitar basar nuestra actitud personal en función de los demás, así como nuestra apariencia externa en la actividad social que tenemos, tratando de utilizarla para agradar a los otros. Recuerda que el trato cercano y sincero con una persona elimina cualquier disfraz autoimpuesto.
  • Ser conscientes de que la perfección no existe y nadie es capaz de alcanzarla

Con todo lo anterior, lo único con lo que podemos complementar es que debes atreverte a superar tus propios obstáculos personales; cualquier complejo se elimina al querernos tal y como somos.

Con sinceridad, ¿hay algún complejo que padezcas?
¿Es físico o psicológico?
¿Has hecho algo para superarlo?

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