Lewis Carrol

Alicia en el país de las maravillas
Una aventura ¿sin sentido?

Sería extraño conocer a alguien que afirme no conocer uno de los libros más enigmáticos de la literatura occidental. Hace 150 años el británico de seudónimo Lewis Carroll escribió un fascinante texto que ha inspirado incontables películas, pinturas e incluso piezas de ballet: Alicia en el país de las maravillas. La cuestión es, ¿Por qué es tan extraordinario?

Charles Lutwidge Dogson, alias Lewis Carroll, fue catedrático y subsecretario de la Biblioteca de la Universidad de Oxford, Inglaterra, durante el siglo XIX. Con 24 años de edad, ya era un aficionado a la fotografía. No obstante, es de notar la presencia de una persona en toda su producción: Alice Liddell.

Dogson conoció a la familia Liddell cuando ella tenía 4 años, mientras jugaba con sus hermanas. Para el catedrático, relacionarse con ellos resultaba conveniente pues eran aristócratas y tenían vínculos con la realeza, pero esa no fue la única razón.

La amistad se dio y Dogson comenzó a fotografiar a las hermanas. Transcurrían los días en su compañía y cuando se podía, el autor las llevaba a pasear en bote. Uno de estos días de 1862, les narró lo que se convertiría en uno de los relatos infantiles más famosos, para el cual, Alice fue la inspiración principal.

Y, ¿de qué trata la historia? Alice está a punto de quedarse dormida de aburrimiento mientras su hermana le lee un libro, cuando de pronto ve pasar a un conejo, quien parece dirigirse una madriguera profunda, y así, decide perseguirlo. Al entrar en el agujero, cae profundamente al País de las Maravillas, un lugar donde todo parece carecer de sentido.

Con esta historia, este personaje se corona como la primera protagonista mujer en la literatura infantil, aspecto que para la época era destacable. Asimismo, la niña, en la historia no se comporta como alguien “propio de su edad”. Cuestiona, desafía, no se contiene, es divertida y curiosa. Lo anterior refleja el carácter revolucionario de la obra, en contraste con los libros hechos para niños, cuyo objetivo era moralizar.

Otro aspecto es que queramos o no, este libro provoca desconcierto. Hay personajes extraños y suceden cosas raras, por no decir aterradoras. Pareciera, quizá una forma de mostrar cómo los niños ven a los adultos y lo que los rodea, o cómo cuando soñamos, las cosas se deforman y pierden lógica. De hecho, una de sus peculiaridades es que, a pesar de que está destinado a un público infantil, tiene una doble lectura en el público adulto. Tan enigmático es, que aún se discute el género al que pertenece.

La versión definitiva de Alicia en el País de las Maravillas se publicó en noviembre de 1865. Seis años después Alicia a través del espejo (1871) y en 1890, Alicia para los pequeños. Lo que siguió, es historia..


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